EL BLOG DEL OTORRINO

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miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Podemos oir todos?

Hoy en día la respuesta es que SÍ. Prácticamente todo el mundo puede oir aunque tengamos una alteración auditiva.
El nacer con un déficit auditivo no significa que vayamos a pasar el resto de nuestra vida sin poder oir. Y esto es gracias a los avances en la medicina, sí, aunque parezca una frase hecha, así es. La investigación en este campo ha avanzado mucho en las últimas décadas. Y ha hecho posible que, por ejemplo, un niño que ha nacido 'sordo' pueda tener un desarrollo como sus compañeros de la clase. Eso de 'sordomudo' está pasando a la historia....
Por ejemplo, un audífono. Algo tan sencillo y pequeño como una audioprótesis lleva dentro una sofisticada maquinaria.

Foto tomada de Superestrato de la ciencia y del conocimiento


 En el siglo XIX se fabricaban una especie de embudos con mangueras flexibles con un botón prefabricado en un extremo que cubría toda la oreja. A estos instrumentos se les llamaba "tubos para hablar". También existían por aquella época los "foníferos", una especie de bastón que conducía el sonido desde el que hablaba hasta la persona que escuchaba. Su diseñador fué el Dr. G. Paladino de Nápoles, en 1876. También había las trompetillas o cornetas. La firma publicitaria F. C. Rein se dedicó hasta el 1940 a la fabricación de estas cornetas auditivas.
Para hablar de la transmisión exitosa del habla a partir de una corriente eléctrica hay que reconocer varios intentos infructuosos. A mediados del siglo XIX el científico norteamericano C. G. Page y el francés C. Bourseul, utilizaron el principio del telégrafo para transmitir sonidos a partir de la interrupción de una corriente eléctrica. Pero no pudieron transmitir los sonidos articulados del habla.
Alrededor del año 1860 el alemán Johann Philip Reis construyó un transmisor más complejo que incluía un diafragma puesto en un extremo de una corneta. Utilizaba la corriente de una pila que, al variar de intensidad, controlaba una aguja magnetizada que cambiaba de longitud. Estos cambios de longitud permitían la vibración de una superficie generando así el sonido. Pero el sistema resultaba lento como para reproducir la voz humana.
No fue hasta el año 1876 que Alexander Graham Bell obtuvo una patente para el teléfono usando un micrófono electromagnético que lograba cambios de corriente similares a los acústicos. Se basaba en la variación de intensidad de la corriente eléctrica. Luego T. Edison, E. Berliner y H. Hunnings inventarían otros tipos de transmisores para finalmente llegar al año 1892 con la primera patente de un aparato auditivo eléctrico en Estados Unidos.
Durante el siglo XX la evolución de los audífonos tuvo ciertas connotaciones bien definidas: la miniaturización de todos sus elementos, el aumento en la amplificación del sonido y el bajo consumo de energía. En sus inicios, los audífonos eran pesados, consistían en un micrófono independiente, un amplificador, auriculares y una voluminosa batería. Algo tan grande que se hacía casi imposible llevarlos encima y además, en un par de horas se agotaba la batería... Unos años más tarde, en 1902 salieron al mercado los primeros audífonos portátiles, más ligeros que podían llevarse encima. En la década de los 50 se inventó el Transistor, algo que revolucionó los audífono que hasta ahora habían funcionado con válvulas.


Foto tomada de Historia audífonos

El transistor hizo posible mejorar y reducir las audioprótesis.  La capacidad de amplificación de los transistores era superior al de las válvulas y esto hizo que las pilas durasen más tiempo. Poco a poco se fueron reduciendo de tamaño hasta poder colocarlos detrás de la oreja y luego dentro del canal auditivo externo. Estamos ya en la década de los 60. Hasta aquí la tecnología era analógica para el procesamiento del sonido. Durante mediados de los 80 empezaron a aparecer los primeros audífonos digitales. Pero no fue hasta 10 años después que esta tecnología digital se pudo acoplar definitivamente a los audífonos. Estos modelos digitales ofrecen muchas ventajas frente a los analógicos.



Y, ¿quién puede llevar un audífono?. Todo el mundo. Todas las personas en las que esté indicado.
Actualmente en los hospitales tenemos un circuito de screening neonatal de hipoacusia, programas dedicados a la detección de alteraciones auditivas en niños recién nacidos. De esta manera podemos detectar en los primeros meses de vida a los niños con alguna discapacidad auditiva. Es entonces cuando indicamos la adaptación de audioprótesis a partir de estas edades tempranas, 3-6 meses de vida. Pero a cualquier edad podemos indicar el uso de las prótesis auditivas, solamente depende del grado de pérdida que tengamos.
En el caso de que la pérdida sea muy importante, los audífonos no nos será útiles. Entonces pensaremos en otro tipo de prótesis auditivas. Tenemos por ejemplo los Implantes Cocleares.
El Dr. William House es el gran impulsor de estos implantes durante la década de los 60, aunque ya mucho tiempo antes se había 'inventado'.
Alessandro Volta, inventor de la pila eléctrica, prueba de estimular la lengua, los ojos y su propio oído con 2 electrodos. Los colocó en el conducto auditivo externo e hizo pasar una corriente de 50 voltios, explicando luego una sensación auditiva. En 1800, en una carta al presidente de la Royal Society, explica : 'en el momento dque cerré el circuito comencé a sentir un sonido, mejor dicho un ruido...lo seguí sintiendo incesantemente mientras mantuve pasando la corriente....cesó inmediatamente que interrumpí el paso de la corriente'.
Andre Djourno, en Francia, inicia sus trabajos en 1953 estimulando eléctricamente con diversos nervios. Más adelante, en 1957, es visitado por el Dr. Eyries, ORL y excelente otólogo, y preguntado por las opciones para un paciente que tras una cirugia de un colesteatoma (infección crónica del oído medio) de ambos oídos se había quedado sordo y con una parálisis facial.


Andre Djourno, foto tomada de Deafness in Disguise

Durante los intentos del Dr. Eyries para intentar reconstruir el nervio facial con injertos de otros nervios, usaba la diatermia o bisturí eléctrico.  El paciente refería en esas manipulaciones (bajo anestesia local) que le parecía oír. Entonces el Dr. Eyries consultó al Dr. Djourno ya que conocía sus trabajos sobre la estipulación electrice de  los nervios. El 25 de febrero de 1957 se le coloca un electrodo en el nervio del oído. El paciente dice que vuelve a escuchar sonido e incluso entiende algunas palabras! Pero con el tiempo fue dejando de oír. Vuelven a implantar al paciente con el mismo resultado por lo que deja de implantar a más pacientes. A finales de los 60 (1968) el Dr. Michelson inserta dentro de la cóclea de animales unos electrodos con múltiples canales y demuestra que pueden mantenerse mucho tiempo dentro de la cóclea sin que se produzca daño en ésta.


Diagrama de un Implante Coclear

Es entonces ya cuando William F. House, de Los Ángeles, implanta varios electrodos en la cóclea de un profesor que se había quedado sordo como consecuencia de una infección. Nace aquí la era de los implantes cocleares.


Foto tomada de Discapacidad Dignidad Tucumán

Éstos se han ido perfeccionando hasta los que tenemos hoy en día, que son capaces de hacer que una persona con una pérdida muy importante de audición pueda oír y pueda tener un desarrollo, en los niños, igual al resto de sus compañeros, y en los adultos permite una vida normal en cuanto a sus relaciones sociales y laborales.

William F. House, tomada de NYT
William F. House, tomada de NYT





















Otro de los sistemas que nos ayudan mucho en nuestra audición son los implantes osteointegrados. Estos aparatos, más recientes permiten también salvar algunos tipos de pérdidas de audición.


Foto propia. Fuente: BAHA friends
En Suecia, en 1950, un científico sueco, el Dr. Pe-Ingvar Branemark descubrió casi por casualidad la adherencia del titanio al hueso. Descubrió que cuando el titanio se expone al aire se forma una capa de óxido que forma un campo biológicamente activo que promueve el crecimiento de tejido y lo une permanentemente al hueso. Este proceso es llamado osteointegración. Inicialmente este descubrimiento se usó para implantes dentales. Con el tiempo se ha adaptado esta tecnología a otras áreas como la nuestra. En 1977, Tjellström colocó un implante de titanio sobre la mastoides de tres pacientes con hipoacusia que usaban unos audífonos de conducción ósea e instaló un vibrador que unía al implante percutáneo. Así se hizo la primera prueba de implante osteointegrado de oído. Este sistema funciona de esta manera: en primer lugar se coloca un implante sobre el hueso mastoides, detrás del pabellón; una vez pasados 3-4 semanas en las que la osteointegración ya se ha consolidado, se coloca sobre éste un procesador vibrador que transforma el sonido en estímulo vibratorio; este estimulo se transmite por el hueso hasta el oído interno para que de esta manera se perciba el sonido.


En nuestro hospital desde hace ya varios años  realizamos esta técnica bajo anestesia local. Este tipo de implantes en ocasiones puede sustituir a los audífonos. Aquí podéis ver como realizamos esta cirugía:





Y aquí el resultado:
Fuente propia.



Estos son algunas de las ayudas que la tecnología nos ha proporcionado. Y la verdad es que nos son de mucha ayuda. Ha quedado atrás esa época en que si un niño nacía con un déficit en la audición, se quedaba aislado de la sociedad. O en la que un adulto perdía la audición y se iba apartando de su entorno hasta recluirse en su soledad.
Todavía le tenemos poco agrado a las prótesis de oído sean o no implantables. Los audífonos no se ven todavía con buena cara...será que no hacen el 2x1...o que no salen estupendos chicos y chicas bailando por la playa con un audífono colgado de la oreja...o no nos bombardean lo suficiente en la TV...? Será.....










Fuentes:
- Historia del implante coclear
- Historia del implante colcear: los primeros años
- Implant coclear 
- Sistemas auditivos anclados al hueso:perspectiva actual


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